St. Philip Catholic Church: El día de hoy tenemos lecturas, especialmente la primer lectura y el Evangelio que van muy de la mano. Pero antes de entrar un poco, tenemos que entender que esta parábola, Jesús usualmente dice las parábolas en medio de mucha gente, de tanta gente, pero en esta ocasión Jesús está dirigiendo, en medio de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Está básicamente en medio de ellos diciéndoles todo esto. Y de una forma les está diciendo que todo será aquí quitado para ellos y se le dará a alguien más. está diciendo ustedes no están haciendo lo que las Escrituras hacen, ustedes no están dando fruto. De una forma hay una implicación que le está diciendo de que la destrucción viene para Israel. Y ya después si continuamos leyendo. Utilizan de que Jesús va a destruir el templo y todo eso para acusar a Jesús, pero esto también es uno de los momentos donde ellos también se enfocan para acusar a Jesús y llevarlo a la cruz. En la primera lectura vimos cómo Dios le dio todo al pueblo de Israel. Él proveyó todo lo necesario para que pudieran dar buenos frutos. Pero lamentablemente, el pueblo de Israel, a pesar de que Dios les dio todo, a pesar de que tenían todo, tenían a Dios con ellos también, no fueron capaces de producir buenos frutos. ¿Y qué pasa? Llega un momento donde se pregunta, el dueño se pregunta a Dios, ¿habrá algo más que él pudiera haber hecho? Pero la respuesta es no. Porque el pueblo de Israel tenía cerrado su corazón hacia el Señor. Un corazón cerrado no puede cambiar. Un corazón cerrado no puede dar fruto. Dios estaba con ellos. Y aún mientras Dios estaba caminando con este pueblo, ellos continúan con su corazón cerrado. Dios les dio su amor, su fidelidad, su bondad, pero ellos no correspondieron a ninguna de esas cosas que Dios les estaba ofreciendo gratuitamente. ¿Qué hacen? Lo rechazan, lo desobedecen. Y es un ciclo que se repite en Israel. Empiezan con, Señor, ayúdanos. El Señor les ayuda. dice, Segan mis mandamientos. Den ese amor que yo les doy a los demás. ¿Qué hace Israel? Le dice, Gracias por ayudarnos, pero ahora queremos ir por nuestra parte. Y después pasan cosas y vuelve otra vez, Señor, esto, vuelven a ayudarte. Prometemos que vamos a seguir bien. Y otra vez vuelven a caer, vuelven a desobedecer. Y en el Evangelio es lo que vemos. Vemos como incluso Este sembrador que tiene este viñedo manda personas a su viña. ¿Y los administradores que están administrando esa viña, qué pasó con ellos? Recordemos, ellos no son los dueños. El dueño es el que compró la viña. Ellos solamente están ahí para administrar. ¿Pero qué pasa? Ellos han olvidado que solamente son administradores. Ellos se han olvidado de que ellos no son los dueños. Y que han hecho, sino no han hecho más que adueñarse de algo que no les corresponde. Así que matan a los criados, matan al, incluso matan al hijo único de aquel dueño cuando va a ese viñedo. Queridos hermanos, este pasaje no solamente trata de Israel, este pasaje no solamente es para ese tiempo. sino también este pasaje, este evangelio viene a nuestras vidas. El Señor nos ha dado nuestras vidas. Él nos ha dado lo suficiente para que nosotros podemos dar fruto. La pregunta para nosotros es cómo nosotros le estamos respondiendo a Dios. ¿Acaso hemos olvidado que fue Dios quien nos creó? ¿Acaso hemos olvidado que fue Dios quien nos sacó de alguna situación difícil? ¿Acaso hemos olvidado de aquel, aquella respuesta de Dios ante nuestro problema? ¿Acaso también hemos olvidado que Él pagó el precio de la cruz y gracias a eso es que tenemos una relación con Dios y podemos dar buenos frutos? ¿De acaso nos hemos adueñado de nuestras vidas y de los dones que Dios nos ha dado? o a lo mejor hemos perdido la vista a Dios en nuestras vidas. Y es que el problema comienza cuando olvidamos que solo somos administradores, cuando olvidamos que lo que tenemos es un regalo de Dios en nuestras vidas. Y empezamos a, y comenzamos a vivir como dueños. Esta es mi familia, yo soy dueño de mi familia, Dios no tiene lugar en ella. La fe se convierte simplemente en otra casilla que marcar, en algo que seguir. Lo hago solamente por hacerlo. Dependo solamente de mí porque yo trabajé por esto y yo nunca había Dios en mi trabajo, nunca había Dios que viniera a ayudarme. Siempre fui yo. ⁓ O en la Iglesia también. Este es mi ministerio. Nadie puede hacerse cargo de mi ministerio, las opiniones de este ministerio que tengo. son mías solamente y opiniones de los demás no importan. Yo construy este ministerio que va a saber alguien más de cómo guiar este ministerio. ¿Por qué yo debería de ser compasivo, misericordioso si a estas personas no se lo merecen? Queridos hermanos, ¿cuáles son los frutos? Podemos preguntarnos, ¿cuáles son los frutos que Dios quiere de nuestra vida? que Dios quiere de mi vida en la viña que Él nos ha confiado. Y es que esto es una respuesta simple y fácil. El Señor nos quiere esos frutos que Él mismo nos ha dado. Él nos ha amado, así que nosotros debemos amar. Él nos ha perdonado, así que nosotros también debemos de perdonar. Él ha sido fiel, así que nosotros también debemos ser fieles. Él ha sido generoso, que también nosotros debemos de ser generosos. Él dio su vida por nosotros para que nosotros también pudiéramos aprender a entregar nuestras vidas a Él y a los demás. ¿Cuáles son los frutos en mi matrimonio? En tu matrimonio es ser fiel a tu esposo, a tu esposa con el corazón en las palabras y en acciones. ofrecer el perdón, ese sacrificio y ese amor. En tu familia, los frutos es enseñar a tus hijos a amar, a orar, traerlos a misa, darles tiempo, mostrarles que Dios importa en nuestras vidas, que Dios es prioridad. En la iglesia, los frutos es servir en lugar de adueñarnos, construir unidad en lugar de división. recibir a los demás, compartir nuestros dones e invitar a otros que tengan ese mismo encuentro con Cristo. No olvidemos, queridos hermanos, que el mundo rechazó a Cristo y lo llevó hasta la cruz. Pero ese no fue el final de la historia. Él murió por nuestros pecados y se convirtió en esa piedra angular de nuestra fe. Y es que es por eso que todavía nosotros podemos dar buenos frutos. Tal vez tu matrimonio no ha producido el fruto que debería. Ahí no termina la historia. Comienza de nuevo. Tal vez has descuidado tu relación con Dios. Tienes tiempo. Comienza de nuevo. Tal vez has tratado tus dones como posesiones en lugar de dones que te han sido confiados. Comienza de nuevo. Tal vez no has servido a la Iglesia o a tu prójimo como deberías. Comienza de nuevo. Queridos hermanos, todavía hay esperanza porque la viña todavía le pertenece a Dios y Él no ha dejado de trabajar por ella y en ella. Y la pregunta para nosotros el día de hoy es si el Señor viniera hoy buscando fruto en su viña, en nuestra vida, en mi vida, ¿qué tipo de fruto encontraría?