St. Philip Catholic Church: Escuchamos aquí a un padre que manda a sus hijos y de una forma, uno le responde que no, el otro le dice que sí, pero hay una desobediencia. Creo que los padres de familia de aquí pueden apreciar a este padre que les dicen a sus hijos, algo, y hay unos hijos que les dicen que sí, pero no lo hacen, y otros hijos que les dicen que no, pero sí lo hacen. Creo que en todas las familias tenemos varios de ellos. Y es que en el Evangelio el primer hijo dice, no quiero. Y es una respuesta humilde y una respuesta honesta, pero rebelde. Y es que también nosotros de diferentes maneras en nuestras vidas le hemos dado a Dios esa misma respuesta, ese no quiero. No quiero perdonar. No quiero cambiar. No tengo tiempo para orar. Sé lo que enseña la Iglesia, pero quiero hacer las cosas a mi manera. Sé que necesito confesarme, pero todavía no. Y es que ese no quiero es un no a nuestro Padre Celestial, y ese no se convierte en ese pecado que está en nuestras vidas. Pero el Evangelio no termina ahí. ¿Qué pasó después? Es que el Hijo que dijo que no cambia de dirección. Su primera respuesta no determinó su respuesta o su acción final. Y es que él nos enseña que el arrepentimiento es más que sentirse culpable. Significa en reconocer que vamos en la dirección equivocada y necesitamos dar la vuelta, necesitamos volver. Y después que hace ese hijo, se levanta y va a trabajar a la viña. En la primera lectura escuchamos también lo mismo. Israel se queja del camino de Dios que es injusto, pero Dios les explica que si se convierten, que si hacen lo correcto, van a preservar su vida. Y una y otra vez Israel negó al Señor, le dijo que no. Pero sin embargo, el Señor no los castigó por ese no principal, sino que estuvo esperando a que ellos se convertieran. Y es que algo bueno de nuestro Dios es que nuestro Dios no nos etiqueta según nuestro peor momento. Piensen en uno de esos peores momentos de su vida donde tantas equivocaciones pudimos haber tenido y que esa fuera nuestra etiqueta. Dios no hace eso. La sociedad y el mundo pueden definir a las personas por lo han hecho. Mira que aquella persona es aquel que fracasó. Ella es aquella que cometió ese error. Él siempre ha sido así. Ella siempre ha sido así. Pero es que Dios ve algo más en nosotros. Dios sabe que podemos convertirnos si nosotros dejamos que Su gracia actúe en nuestras vidas. Y es que eso lo vemos con los discípulos. Pedro negó a Jesús. Pablo persiguió a los cristianos. Mateo era recaudador de impuestos. Pero ese no fue el final de su historia. Ellos también se convirtieron y tampoco ese es el final de nuestra historia. Podemos convertirnos. Pero qué pasa con el segundo hijo? Es que el segundo hijo le dará la respuesta correcta de sí. Yo voy a hacerlo. Pero qué pasa, nunca va. Y a veces nosotros también podemos ser como ese segundo hijo con Dios, con nuestra fe. Podemos conocer las oraciones, podemos asistir a la Santa Misa, podemos continuar diciendo amén, podemos llamar a Jesús nuestro Señor. Y aún así nuestras vidas, nuestras acciones, las formas que nosotros nos comportamos, continúan diciendo no al Señor. Queridos hermanos, ser cristianos no es simplemente decir las cosas correctas, es que nuestras acciones también vayan con lo que estamos nosotros diciendo. Y si necesitamos un ejemplo, San Pablo en la segunda lectura nos da el ejemplo mejor que podemos encontrar. Y ese mejor ejemplo es Jesucristo, el Hijo Perfecto. Porque Jesucristo no simplemente dijo que sí al Padre, sino que toda su vida se convierte en ese sí, todas sus acciones, todo lo que hace, y su obediencia llega hasta la cruz. Queridos hermanos, la pregunta de hoy no es simplemente si alguna vez le hemos dicho no a Dios. Todos lo hemos hecho y probablemente lo vamos a hacer. La pregunta es, ¿cuál será mi respuesta el día de hoy? Especialmente el día de hoy que tenemos dos bautismos. La respuesta de esos padres, de esos padrinos a sus hijos, a Dios, es ese sí. Sí, Señor, aquí estamos con nuestros hijos para que sean bautizados, para que se unan a esta comunidad. Pero también ese sí es de acción, es sí, yo voy a encargarme, a asegurarme de que yo les dé buen ejemplo de esa fe. Sí, yo voy a mostrarles ese modelo de fe a seguir. Y como comunidad nos toca también orar por ellos, ese es un sí al Señor. Pero cuál es nuestra respuesta el día de hoy al Señor en nuestras vidas? Tal vez estamos diciendo no al perdón y el Señor quiere que digamos que sí. A lo mejor estamos diciendo no a la confesión, no a la oración, no al servicio, no a cambiar un hábito pecaminoso, no a reparar una relación, no a lo mejor a algo que Dios nos ha estado pidiendo. día tras día por mucho tiempo y todavía les seguimos diciendo que no. Ahí no termina nuestra historia. Nuestra historia continúa. Y es que el Evangelio nos da esa esperanza porque nos muestra esa paciencia de Dios con nosotros y la libertad en nuestros corazones para cambiar nuestro no por un sí. por un Sí Señor, mis acciones van a demostrar que estás conmigo. Queridos hermanos, pidiamos de la gracia al Señor para que nos ayude a cambiar nuestro no con un sí, pero sobre todo a cambiar nuestro rumbo de vida hacia Él. Que el Señor nos ayude con todo lo que necesitemos, pero sobre todo que nos dé esa fuerza para poderle decir que sí.