St. Philip Catholic Church: En primera lectura, pusimos atención, con el Evangelio nos presentan la misma imagen de las llaves. En Isaías, Dios entrega a Eliassín la llave de la casa de David. La llave es un signo de autoridad del mayordomo real. Él no era el rey, pero se le había confiado la responsabilidad de aclarar En el Evangelio escuchamos que Jesús usa de una forma la misma imagen cuando le dice a Pedro, Te daré las llaves del reino de los cielos. Jesús es el Rey. Pedro no ocupa ese lugar ni lo reemplaza. Pero Cristo confía a la responsabilidad de servir a Su Iglesia en Su nombre, de custodiar la fe que ha sido recibida, de fortalecer la unidad de la Iglesia y pastorear al pueblo de Dios. Jesús le dice, Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y Cristo dice mi Iglesia en singular, no Iglesias. Y es que la Iglesia le pertenece a Él, a Jesucristo. No es la Iglesia de Pedro, la Iglesia del Padre David, ni la Iglesia de una comunidad en particular es la Iglesia de Cristo. Él eligió edificarla sobre Pedro. Y es que esta misión no terminó cuando Pedro y los demás apóstoles murieron. Por medio de la sucesión apostólica, que ese mismo ministerio es aquel que el Pedro continúa con su sucesor que es el Padre. Es por eso que nosotros somos la Iglesia de Cristo. La sucesión apostólica significa que desde Pedro hasta el Papa León de ahorita ha habido un sucesor. Si vamos para atrás y vamos con los papas y nos vamos de retroceso, llegamos hasta Pedro, llegamos hasta Jesús. Y eso es algo increíble que no otra religión lo tiene más que nuestra Iglesia, que es la verdadera, que es la católica. Y de esta manera la Iglesia continúa custodiando la enseñanza de los apóstoles, la sagrada tradición, la vida sacramental que es recibida de Cristo. Y hoy esta verdad se hace visible de una manera porque recibimos a dos miembros nuevos en esa misma Iglesia que fue fundada por Cristo. Y así, queridos hermanos, no simplemente es marcar la caja de ya bauticé a mi hijo, a mi hija, no es simplemente añadirlos otro nombre a la lista de bautizados. Estamos recibiendo a una persona en una familia de fe. que se remonta hasta los apóstoles y que continúa siendo sostenida por esa misma promesa de Cristo. Pero queridos hermanos, hay una pregunta ahí porque pertenecer a la Iglesia de Cristo no elimina esa misma necesidad de la misma pregunta que Cristo les hace a sus apóstoles. Jesús empieza diciendo, ¿quién dice la gente que es el hijo del hombre? Y los discípulos dan varias preguntas. La gente dice esto, la gente dice esto o otro. La gente dice qué es el profeta, Juan el bautista, etc. Y hay muchas de esas respuestas y opiniones que también vemos en nuestra sociedad. Pero Jesús no permite que sus discípulos se queden solamente con las opiniones de los demás. Jesús hace esa pregunta más personal a cada uno de ellos. Y ustedes... Quien dicen que soy yo? Es una pregunta personal para ellos, pero también es una pregunta personal para nosotros. Igual que los apóstoles, Jesús no quiere que nos quedemos con las opiniones de los demás. Queridos hermanos, hoy te hace Jesús esa misma pregunta para ti. ¿Quién es Jesús para ti? En especial a las personas que han estado tu fut… tomando esta formación en un pequeño retiro de este fin de semana. Es la misma pregunta que a través de estos días Jesús les ha estado haciendo. ¿Quién soy para ti? ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros? No simplemente esa respuesta que aprendimos del catecismo, no simplemente lo que dice el Padre David, no solamente lo que nos da algún libro. ¿Quién es realmente ahorita en tu corazón, en tu vida, como está tu vida a Cristo. Si le preguntamos a tu vecino o a alguien cercano a ti, nos diría que tu vida está siendo guiada como si conocieras a Cristo. O nos diría, sí conoce a Cristo los domingos, pero entre semana, durante la semana, es como si Cristo no existiera. o durante cuando vamos manejando en el carro nos olvidamos que somos de Cristo y nos enojamos tanto con los carros o con las personas que no saben manejar. Pero queridos hermanos, tenemos que responderle igual que Pedro, tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo. Y es que esa respuesta, esa pregunta, podemos dar esa misma respuesta o podemos también decir Jesús es mi Salvador, es mi Señor. Pero si verdaderamente nuestra respuesta es esa, nuestra vida diaria tiene que mostrarlo. Cada domingo en el credo profesamos que Jesucristo es nuestro Señor. La pregunta para ustedes, ¿el lunes confirma lo que profesamos el domingo? Jesucristo es mi Señor el día de hoy. Mañana también va a ser tu Señor, también va a ser tu guía. Porque cuando regresamos al trabajo, a la escuela, a nuestros hogares, a nuestras rutinas normales, ¿acaso sigue siendo Jesús el Señor de nuestra vida? ¿Tiene acaso Él un lugar en cada una de las decisiones que yo hago, en nuestras relaciones, en la manera que utilizamos nuestro tiempo, en la manera que utilizamos nuestro dinero, nuestras palabras? Le preguntamos a Jesús o Jesús ahí no cabe a nuestras vidas. Porque podemos llamar a Cristo Señor mientras permitimos que otros ídolos ocupen su lugar. ¿Y cuáles son esos ídolos? ¿Es el éxito? ¿El dinero? ¿La apariencia? ¿La aprobación de los demás? ¿El poder? ¿El control? ¿O la creencia que podemos hacerlo todo sin la ayuda de Dios? Y muchas de esas cosas en sí no son malas. El problema es cuando estos ídolos, estas cosas, el éxito lo ponemos más arriba que Dios. Cuando el dinero lo ponemos más arriba que Cristo. Cuando mi apariencia, mi imagen con lo demás es más arriba que Cristo. Y ese es el punto, queridos hermanos, Cristo debe de ocupar ese lugar principal en nuestra vida. Por lo tanto, el día de hoy, queridos hermanos, al recibir a uno dos nuevos miembros, la pregunta no solamente es para ellos si aceptan a Jesucristo, si quién es Cristo para ellos. Esa misma pregunta del Evangelio es también para nosotros. ¿Quién es Jesús para ti en este momento? ¿Cómo está tu corazón? Y a lo mejor tu respuesta es Jesús para el mentorita es la segunda prioridad en mi vida. ¿Qué debes de hacer para que Él sea tu primer prioridad? ¿Qué cosas debemos de dejar ir para que Jesús sea nuestra prioridad? Porque el Señor no quiere que no seamos exitosos. El Señor no quiere que no tengamos dinero. El Señor no quiere que tengamos buena imagen. Lo que el Señor quiere es que Él tome ese primer lugar en nuestra vida. Y todo lo demás viene después de él y él se encargará de todo eso. Queridos hermanos, pregunta de hoy es la misma de sus discípulos a cada uno de nosotros. ¿Quién es Jesús para mí en mi vida?